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Padrinos

La noche del 28 de Noviembre del 2006 quedó grabada a fuego en nuestra carne y en nuestro espíritu. Hacía noches que charlabamos con ellos, y cada vez nos ibamos animando más a conocerlos. La verdad, su cálidez y buena onda nos tranquilizaban, porque sentíamos que detrás de esas largas charlas, llenas de anécdotas calientes, había dos seres humanos fántásticos. Y por suerte así fue.
Finalmente, una noche nos propusieron ir a tomar algo, y después, si todo estaba bien, quedaba la posibilidad de iniciarnos en este juego. Ese día, hablamos por teléfono y concretamos la cita. Es realmente indescriptible los nervios que sentíamos ambos. Se nos cerró el estómago, no podíamos ni probar agua, jajajaj. El cuerpo nos temblaba, y cada uno por su lado trataba de demostrar total tranquilidad, para no pertubar al otro. Pero ambos sabíamos que lo del otro era pura cáscara, que los nervios nos carcomían a los dos.
La noche estaba espectacular, cálida y luminosa. Nos pasaron a buscar y fuimos a tomar algo. La primera impresión fue muy buena, y las demás también, jajajaj. Ellos eran una pareja de unos 38 años, mayores que nosotros, pero muy joviales en todo sentido. Nos sentimos muy cómodos en todo momento. Creo que lo más valioso de ese encuentro fueron los concejos que nos dieron, porque nosotros , por supuesto, desconocíamos un montón de cosas.
Tomamos un par de cervezas y nos preguntaron si nos sentíamos a gusto, si estaba todo bien. Nosotros, tomados de la manos aún temblorosas, nos miramos y asentimos con nuestras miradas. Nos fuimos de aquel bar, los cuatro sin saber bien qué iba a pasar, pero con la certeza de querer hacerlo.
Por su lado los chicos también estaban nerviosos ( en realidad los nervios están siempre presentes en esta historia) porque sentían la gran responsabilidad de que las cosas salieran bien, sabían que la primera vez es fundamental para largarse a pleno en esta aventura.
Subimos a su camioneta, y salimos rumbo al hotel. Nuestros cuerpos no dejaban de temblar, pero los chicos nos tranquilizaban con sus divertidas historias.
Por fin llegamos. La habitación era muy “acogedora”, jajajaja. Una gran cama, de dimensiones nunca vista por mi, sobresalía en el lugar. Nos recostamos cada uno con su pareja, y poco a poco empezamos a sentir el calor de la situación. Yo me aferraba a mi chico, todavía un poco nerviosa. Lentamente empezó a sacarme la ropa,mientras su lengua me acariciaba el cuello, y me comía la boca. Sentía la temperatura de ellos a mi lado y me calentaba aún más. De pronto sentí muchas manos acariciando mi cuerpo desesperadamente. Mis piernas, mis pechos, mi conchita eran invadidas por sus manos calientes. Yo cerré los ojos y comencé a disfrutar de cada uno de ellos. De pronto él se levantó y vino directamente a mi boca. Me dio un beso largo y muy apasionado. Recuerdo su lengua entrelazada a la mía, moviéndose insaciablemente. Mi chico, a su vez, daba comienzo a su juego, besándola a ella con el mismo tenor. Sus pechos eran tan grandes y jugosos, que invitaban a chupárselos sin descanso. Mi caliente muchacho los disfrutó a full, y ella se entregó a sus instintos con gran deseo. Yo me retorcía del placer, de mirar y de sentir.
Viene a mi memoria las palabras calientes de él en mis oídos. Me calentaba sentir su calentura, estaba deseperado por cogerme. Sus lengua recorría todo mi cuerpo sin cesar, hasta que se detuvo increiblemente en mi conchita. No puedo describir con palabras, son casi insuficientes, la forma en que este hombre me chupó la concha. Esa lengua recorría cada espacio de mi clítoris y mi cola con una desesperación que me quitaba el aire. Fue en ese momento en el que comecé a relajarme y me entregué por completo a sus manos. La húmedad de mi concha y la rapidez de sus movimientos me enloquecieron, y de repente empecé a sentir ese hermoso cosquilleo que anuncia la gran explosión. Tuve un orgasmo dulce, muy largo y placentero. Mi temblor lo enloqueció aún más, y ya no pudo resistirse. Quería penetrarme. Me preguntó si yo deseaba su pija, y yo todavía agitada lo asentí con placer. Entonces sentí todo su ser dentro mío. Su respiración entrecortada sobre la mía nos ahogaba. Entraba y salía sin descanso. Me tomó de la mano, se recostó, yo me incorporé sobre él y empecé a ” cabalgarlo” lentamente. Mi chico, por su lado, también la cogía a ella. Veía sus movimientos firmes y seguros y me calentaba más. Ahí descubrí lo mucho que me calienta verlo coger, lo mucho que me gusta ver sus nalgas moviéndose entre piernas abiertas, lo mucho que me moviliza ver su lengua enloquecida chupar otras conchas. Cabalgué por un largo rato, y después me puse de cuatro patitas para sentir toda su pija y sus huevos chocarme la conchita. Siempre me encantó esa sensación. Yo le pedía que me diera más fuerte, y él me llenaba de placer. Se movía y se movía sin cesar, mientras me agarraba firmemente los pechos, que se escapaban por tantos movimientos. Entonces empezó a gemir con más fuerza, y estalló en un desesperado grito de placer. Me abrazó tiernamente y nos recostamos a mirar como seguían cogiendo mi chico y su chica. En ese momento, ella estaba sentada sobre su boca, moviéndole su conchita sin parar. Conozco plenamente la hablidad de esa lengua, y lo confirmé viéndole la cara de placer a ella. Mi chico la chupó hasta el cansancio, logrando que ella explote de placer. Casi sin aire ella se recostó a nuestro lado, y yo me acerqué a mi amor, que todavía estaba re caliente. Me abrió las piernas y empezó a cogerme con tanta pasión y calentura, que explotó al toque. Nos abrazamos colmados de felicidad, plenos de satisfacción.
En el camino de vuelta, volvimos abrazados, besándonos como amantes furtivos. Cuando llegamos a casa, no pudimos dejar de coger por horas. Dormíamos un rato y cuando nos despertabamos volvíamos a coger. Aquella primera experiencia nos despertó la líbido aún más. Sólo pensabamos en coger. Pero además nos unió en todo sentido. Nos habíamos transformado en compañeros de noche, aventuras y camas, jajajaj.
Esatabamos super emocionados, y queríamos más. Los contactos seguían apareciendo, y las charlas continuaban a full. Entonces aparecieron ellos. . . . y la segunda experiencia se acercó.

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Padrinos II

 Padrinos II

Aquella noche, un viernes creo, no teníamos planes seguros con nadie. Habíamos hecho algunos contactos durante la semana, pero no habíamos confirmado nada . Estabamos tranqui viendo qué aparecía de interesante en la página de contactos. De repente una pareja nos saluda. Eran nuevitos en la página y en el mundo sw. Pegamos una onda terrible desde el principio. La charla fue muy amena y divertida. Ellos querían experimentar nuevas sensaciones, y nosotros gentilmente nos ofrecimos a ayudarlos, jajaja. No demoramos mucho en combinar la cita. A la 1. 30 de esa misma noche ya estabamos juntos en un bar tomando una cervecita y riéndonos de cualquier cosa. Ella era muy linda, bajita, hermoso cuerpo y una carita angelical. Él alto, muy fachero y divertido . Una pareja preciosa. Es increíble lo coincidentes que fuimos. Mi chico y él se parecen mucho en la forma de ser, y nosotras a su vez, también coincidimos en todo, hasta en la profesión, jajajaj.

Ellos tenían muy claro lo que querían: un encuentro soft ( es decir con juegos y caricias entre los cuatro, pero no intercambio). Nosotros comprendimos perfectamente y aceptamos gustosos la propuesta. Por supuesto que aquella cita fue pensada en una primera instancia , sólo como un encuentro para conocernos, sin el compromiso de hacer nada en ese momento. Pero todo se fue dando naturalmente.

Después de charlar un largo rato en aquel bar, nos fuimos a un pub a bailar un rato. Todo estaba más que bien. Mientras bailabamos , mi chico se acercó y me dijo que le pregunte a ella si se animaba a algo más. Ellos, los hombres, habían estado conversando a solas, y sólo faltaba que ella estuviera de acuerdo. Entonces yo, ni lerda ni perezosa jajajaj, se lo pregunté de una. Recuerdo su mirada cómplice y su sonrisa algo nerviosa aceptando mi propuesta. Cuando se lo dije a ellos, no demoramos ni dos minutos en estar sentados nuevamente en su auto, camino al telo.

Por fin llegamos. Confieso que nosotros también estabamos nerviosos, porque esa era la primera experiencia de los chicos, y queríamos que todo saliera bien.
Nos recostamos los cuatro en la gigantesca cama y empezamos a jugar cada uno con su pareja. Sentíamos su temblor, su nervios mezclados con una gran excitación. En un momento puse mis manos sobre el cuerpo ardiente de aquella hermosa chica , ella ferzomente se avalanzó sobre mi y empezamos a besarnos desesperadamente. Si bien, a esa altura yo ya había tenido acercamientos con otras mujeres, aquel encuentro fue el más caliente que hasta ese momento tuve.
Recuerdo nuestras suaves manos recorriendo nuestros cuerpos ardientes. Como un imán, nuestras conchitas llamaban a nuestros dedos, que se hundían en lo más profundo de nuestro ser. Nuestras bocas húmedas y sedientas se buscaban con desesperación. Ellos, sentados al borde de cada lado de la cama, miraban atónitos aquel maravilloso espectáculo. Nuestro deseo nos pedía más y más, hasta que nuestras lenguas se encontraron de frente con cada uno de nuestros clítoris. Mmmm. . . Nos lamíamos insesantemente, nuestros labios enrojecieron de tanto saborearnos. Una arriba de la otra, con nuestra intimidad en la boca de cada una, nos retorcíamos de placer. Entonces ellos se hicieron lugar. Sus manos empezaron a tocarnos. . . lentamente. Mi chico se acercó tímida pero deseosamente a su concha y empezó a chupársela incalsablemente, mientras acariciaba sus pezones erectos. Mientras tanto yo me estrechaba en un apasionado beso con el chico. Sus manos acariciaban mi cuerpo agitado, mientras observaba de reojo como mi chico disfrutaba de su mujer. Entonces abrió mis piernas y suavemente empezó a lamerme. Yo sentía en su roce esa cuota de nervios que no te abandona la primera vez ( ni ninguna, jajajaj) y compredía que estuviera muy pendiente de su chica. Le preocupaba mucho que ella la estuviera pasando bien. Y efectivamente ella estaba plena. El contacto con mi chico también fue muy apasionado, lleno de besos , lenguas y manos por todos lados. La calentura nos devordaba a los cuatro. Entonces él tomó de la mano a su mujer y empezó a cogerla, mientras nosotros nos devorabamos a besos. Empezamos a coger furiosamente, hasta que nuestros cuerpos empezaron a temblar de placer y explotamos en un sólo abrazo. Los cuatro quedamos tendidos en aquella inmensa cama, colmados de dicha y lujuria.
Todo salió perfecto. Esta vez nosotros fuimos los padrinos, jajaja. Ellos descubrieron la adrelanida de este juego y yo reafirmé el placer que me provoca sentir a otra mujer.
Nuestras experiencias nos llevaban a más. Unos días después experimentaríamos nuevas sensaciones, esta vez acompañados de varias personas. . . .

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